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Cuando somos pequeños y nos preguntan qué queremos ser de mayores casi todos los niños lo tienen más o menos claro, desde peluqueras las más pizpiretas, hasta médicos, pasando por policías o bomberos. Según pasan los años, los intereses van cambiando, aparte de porque conocemos nuevas profesiones, porque tenemos los gustos más definidos. El problema comienza a surgir cuando ya tenemos que ir encaminando nuestros estudios a ello, cuando no solamente es “yo voy a ser esto o lo otro”, cuando realmente tenemos que comenzar a tomar decisiones por nosotros mismos, decisiones que de un modo u otro, empezarán a formar parte de nuestro yo futuro. A lo largo de la primaria y parte de la secundaria nuestros hijos no tienen más opción que cursar las asignaturas que de un modo u otro, tanto para ellos como para nosotros, están impuestas. Matemáticas, biología, ciencias sociales, física y química, historia…asignaturas que todos hemos de aprobar, sin embargo, el último curso de secundaria ya empieza a darnos comederos de cabeza, el bachillerato se acerca y es el momento de decidir. No nos debemos de olvidar que aunque desde la experiencia nosotros podemos aconsejar y orientar, son ellos los que tienen que decidir, aunque todo sea dicho, nosotros también hemos de supervisar dicha decisión. Cuando ya cumplen los 16, la PAU todavía está demasiado lejos y aún no son conscientes de que la opción de bachillerato que se escoja va a ser la que determine qué carrera van a poder estudiar, nosotros nos estamos dando de bruces contra ellos y contra sus (en ocasiones desafortunadas) decisiones. Por ello, hemos de ser conscientes de que el diálogo en casa es importante. Cuando hacemos referencia al diálogo hemos de darnos cuenta de que éste surge en base a la confianza, confianza que nos hemos ido ganando desde que están en la etapa infantil, sin embargo, no debemos de alarmarnos, que nuestros hijos de 15 años no quieran hablar, estén un tanto insoportables, se encierren en su habitación y se pongan los auriculares con una música un tanto atronadora, es normal, son adolescentes, la edad del pavo está en su punto álgido y las hormonas recorren su cuerpo como un coche de Fórmula 1 el Circuito de Bahrein. Pese a ello, no podemos darnos por vencidos, sin resultar pesados debemos de ir dejando caer comentarios sagaces que queden en su inconsciente y vayan removiendo su interés y despertando dudas. Dudas que entre todos, conseguiremos resolver. ¡Ay el bachillerato! ¿A quién da mayores comederos de cabeza? ¿A ellos o a nosotros? Parece que a nosotros, preocupación diaria por sus notas, por su expediente, por si alcanzarán la nota necesaria para entrar en farmacia, biología o magisterio.
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